D-Mer y la angustia al dar la teta

c704dbb199b2cc0f60511e6e2e6d104dTexto por Marimar | Ilustración Spiritysol

Una ceja levantada y miradas muy raras. Algo estaba mal. Cada vez que contaba que cuando doy la teta me agarra una angustia que me lleva el ánimo al piso en un segundo mis interlocutores me miraban raro. Eso me daba miedo y hacía que lo que era un pedido de ayuda, un sacarlo para fuera, se transformara en un cuestionamiento privado. ¿Qué es eso malo que está pasando conmigo? ¿Estaré muy mal y no me querré dar cuenta? ¿O estaré exagerando?

Siempre da miedo cuando la gente te mira así. Y uno empieza a dudar de uno mismo. Creo que ese es el problema principal del estigma, o de sentir que la gente piensa mal de uno o de un familiar que está pasando por algo. Nos metemos para adentro como un caracol y nos intoxicamos con miedo, con dudas. Y así nos negamos la posibilidad de estar mejor.

Bla bla, pero cada vez que mi bebito empezaba a tomar la teta, pum. Angustia. Dificultad para respirar hondo, ansiedad, tristeza, pensamientos condensados en un segundo que me hacían ver demasiado cerca lo efímero que es todo. Primero pensé que era el hecho de que un hijo te obliga a ver con lupa cosas que uno se pasa disimulando. La vida. La muerte.

¿Estaba deprimida? Podía ser, porque la depresión postparto es mucho más frecuente de lo que uno imagina. Pero yo no me sentía deprimida. Yo estaba pletórica y agotada como me imaginé que iba a estar. Si me preguntabas cómo me sentía yo no dudaba, estaba feliz. ¿O estaba deprimida y no me daba cuenta?

A veces nos olvidamos que somos parte de la naturaleza. Ser madre te reubica en ese lugar. Cuando tenés un bebé cuanto más animal seas, mejor te va. A más instinto, mejores decisiones. Por eso y porque me la paso diciendo que contar los problemas es la primera puerta hacia la recuperación, arremetí. Lo seguí contando. Mi novio y mi mamá me tomaron en serio. Se sumaron a la causa y me alentaron a seguir buscando una respuesta. Unos capos. Mi psicólogo que no sabía nada del tema me dijo, “si vos decís que es algo fisiológico puede ser, voy a averiguar”. La pediatra tampoco tenía idea, pero también me dijo que iba a investigar.

A mí lo que más me llamaba la atención era que yo no estaba siempre triste. Sólo me pasaba cuando amamantaba. Hasta que lo conté a una amiga y algo me asustó. Ella me preguntó si yo abrazaba a mi bebé, si le estaba dando cariño más allá del momento de amamantar. “Sí, lo abrazo todo el día”, le dije como si me defendiera en un juicio. Igual dudé de mí.

Ahí agarré y me puse a buscar una vez más información en google. “Amamantar”, “tristeza”. Nada. Algo tenía que haber. No podía ser la única a la que le pase esto. ¿O en realidad no quiero a mi bebé? Quizás en el fondo yo pienso que estoy feliz pero en no estoy feliz. ¿Tan enroscada puede ser la mente? Nah. No sé cómo hice, ni que escribí pero de algún modo saltó una página que hablaba de D-MER (Disforic Milk Eyeccion Reflex o reflejo disfórico de eyección de leche).

“A algunas mujeres les pasa: justo antes de dar el pecho a su bebé, se sienten invadidas por sentimientos negativos ante los cuales no encuentran explicación. Angustia, tristeza, desesperanza, ansiedad, pánico, ira o agresividad llegan ante cada subida de leche, permanecen durante unos pocos minutos (por lo general, no más de dos) y luego desaparecen”, dice la fundación Eroski en su sitio. No se pueden imaginar el alivio que sentí al leer eso. No era algo que me pasaba solo a mí. El partido se había dado vuelta con un gol en el último minuto. Había una respuesta.

A los pocos días, mi pediatra que es una genia me llama por teléfono. Había dado la vuelta al mundo consultando a una y otra profesional de la lactancia y de la medicina hasta que dio con una que le contó de esta condición. Se estudió todo, me llamó y me explicó bien para ñoños como me gusta a mí. Gracias Graciela.

El reflejo disfórico de eyección de leche, es un fenómeno descrito hace poco. Justamente, hace poco PORQUE LAS MADRES QUE AMAMANTAN A VECES NO NOS ANIMAMOS A DECIR QUE NOS SENTIMOS MAL. No tiene onda. Y nadie quiere escucharlo. Además, es muy complejo porque no es que te sentís exactamente como el orto. No podés creer que tu leche alimente y haga crecer a tu bebé. Estás feliz. Todo es hermoso. Pero algo por un minuto se siente muy feo por dentro y en paralelo.

Lo que ocurre es algo fisiológico, químico (?), pero eso químico tiene síntomas de orden emocional. Lo que pasa aparentemente es que cuando das la teta la dopamina baja para ayudar a que la hormona prolactina, que es clave para la subida de la leche, actúe. En las personas como yo, la bajada de la dopamina en el momento de amamantar es tan abrupto que afecta el estado de ánimo y causa estas sensaciones.

Entonces, lo primero fue saber. Saber me calmó. Después, me fui dando cuenta que tenía que hacer todo lo posible para distraerme de este estado. OK, hay que mirar al bebé cuando das la teta. Lo dice hasta en la piedra Roseta. Pero a mí me ayuda además: mirar por la ventana y amamantar, mirar la tele y amamantar, mirar el celular y amamantar. Tomar un jugo rico. Charlar con alguien. Así la piloteo. La angustia no se fue del todo pero puedo convivir sin problemas. Así que tu, humana o humano que estás sufriendo alguna sensación que te llama la atención. Buscá ayuda. Contalo, contalo. No hace falta que lo publiques en el diario, pero con que uno te escuche y te aliente, vas a estar más cerca de encontrar la respuesta para empezar a estar mejor.

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