El compañero itinerante

WhatsApp Image 2018-11-08 at 07.12.36“Se ve que en la sociedad hay veces que a este tipo de personas no se los considera personas”, dice Mariano Morassut. “Increíblemente, ha pasado una vez con un señor que se llama Héctor, que dormía en la calle en las inmediaciones del hospital Durand. Un grupo de chicos que salía de bailar le pegó por diversión e intentó prenderlo fuego”.

Mariano es licenciado en Psicología y especialista en psicogerontología. Trabaja en el Programa Buenos Aires Presente del GCBA  cuya tarea es garantizar la atención social de los adultos mayores en situación de calle. Todas las noches sale de su casa y recorre la ciudad para trabajar codo a codo con ellos y buscar alternativas. Si le preguntás, parece conocer los nombres e historias de todas las personas que viven en la calle.

Por ejemplo, Ramona que padece una psicosis paranoide con delirios místicos. Mariano cuenta que inicialmente ella era muy violenta, echaba a palazos a todos los que se le acercaban, pero con el tiempo, se fue generando un vínculo gracias al cual terminó saliendo de esta situación. “Muchas veces es un trabajo muy de hormiga”, dice. La clave es encontrar algún punto de identificación para generar un vínculo fuerte con el profesional. En el caso de ella se logró detectar que su gran tema de interés eran sus hijos, y de ahí se elaboró la estrategia para imitar una relación padre e hijo y luego la inversión, el momento en el cual el hijo cuida a sus padres. Así logró salir.

“Hay también otro tipo de violencia que se genera, que tiene que ver con esto, de algunos vecinos que no pueden entender, que una persona, seguramente con un pensamiento muy desviado, que está en la calle mugriento tomando un vino, es una persona. La gente suele decir ‘sáquenme esto de acá’, como si fuera una cosa. Eso también pasa en las guardias de los hospitales. ‘Me trajiste el paquete’, se dice. Son formas de hablar que no ayudan para nada”, señala.

Con respecto a la frecuencia y a lo que lleva a una persona a la situación de calle, el predictor más grande en la tercera edad es la pérdida de una red social de apoyo. En los casos en los que la persona se mantiene en la calle por muchos años, puede haber una relación con algún trastorno de salud mental como causa o como producto de esa forma de vida. Pero siempre subraya que lo más grave es el aislamiento y la soledad.

¿Qué hacer? Mariano explica que hay una cuestión ambivalente sobre las personas que están en la calle. Si uno ofrece una frazada o comida, las personas encuentran cierta comodidad que sostiene su realidad y agravan a largo plazo el cuadro. Otras veces, este sostén es un puente para salir de la calle. Desde diversos campos, la vejez es una etapa menos explorada, el conocimiento está en pleno desarrollo y es importante asesorarse, conocer cada situación.

Alicia es una mujer que hace varios años que está en situación de calle. Piensa que hay satélites que la están vigilando. Por eso, no da sus datos, ni nombre, ni DNI, y es reacia a recibir ayuda. Con ella el trabajo es el del artesano porque tampoco quiere conversar con nadie. También hay casos difíciles, que lo entristecen. Como el de un señor que padecía una psicosis paranoide a que luego de mucho trabajo logró pasar a vivir en un hogar. Empezó muy bien pero al tiempo, debido al síndrome de diógenes que también padecía no pudo mantenerse allí. “Era un hogar transitorio y no lo pudieron sostener, no lograron encontrarle la vuelta al caso”, cuenta. El hombre era acumulador y terminó volviendo a la calle y al volver la relación afectiva que había entablado con Mariano se transformó en enojo, pasó a formar parte del grupo de personas que sentía que lo perseguían. Eso fue un límite que Mariano encontró. No pudo hacer más.

¿Cómo encarar esta realidad cada día con esperanza? “Cuando vos lográs sacar a una persona que quizás estuvo 30 años en la calle, eso te da muchísima satisfacción”, cuenta. Lo mismo dice de cuando después de un arduo recorrido se logra una revinculación con su familia. Pero los sinsabores no son pocos. A veces en su trabajo debe enfrentar pérdidas, retrocesos, límites propios del sistema, violencia y reclamos que claramente no merece.

Mariano dice que la gente discrimina más a las personas por el hecho de vivir en la calle que por tener trastornos de salud mental. Respecto de aquellos que los padecen y viven en la calle, el estigma es mayor en los que tienen manía. En muchos casos, la manía es un estado que genera cierto rechazo en el entorno, son personas a las que les cuesta sostener vínculos.

“Lo más grave, sobre todo cuando uno es grande, es no tener a nadie. No tener una red de amigos o de familiares. Alguien que se preocupe por vos, que te quiera y que te sostenga. Porque al fin o al cabo, casi cualquier escollo ya sea de salud mental o económico, alguien que te quiere te va a dar una mano y no llegás a esta situación. Pero hay ciertos trastornos mentales que alejan a las personas”, dice.

Si ves a un adulto mayor en situación de calle, llamá a la Línea 108, las 24 horas durante todo el año.

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