Julio César Chávez Junior boxea la depresión

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Julio César Jr es el hijo de “El gran campeón mexicano”. Campeón mundial e ídolo nacional, su padre supo contar que fue adicto a la cocaína y al alcohol. Y pudo superarlo con la ayuda de su hijo, que siendo chico lo llevó engañado a una clínica. Desde que se retiró, Chávez padre tiene una fundación y una clínica que ayuda a quienes luchan por superar adicciones.

“Yo tengo 26 (años) dentro del boxeo, porque desde que nací estoy en el boxeo, la gente piensa que yo no he sufrido, pero yo viví y he estado en lo peor”, dijo Chávez Jr. en una conferencia de prensa en 2012 antes de su combate con Maravilla Martínez. “Mi papá se drogó durante 15 años, vivimos una vida de infierno todo el tiempo”. Sus padres se separaron y creció en un ambiente difícil y desamparado.

Chávez Jr se crió a boxeo o a piñas y a la sombra de su padre. Desde muy joven su carrera fue polémica, doping, problemas con el alcohol y una detención por conducir borracho fueron socavando su imagen.

Igualmente logró ser campeón del Consejo Mundial de Boxeo desde junio de 2011 hasta el 15 de septiembre de 2012. Ese día sintió que perdió todo. Era ya su cuarta defensa y el espectáculo supuso el castigo al niño mimado. El nuevo campeón, Maravilla Martínez, que lo había acusado de ser un fraude y un sobreprotegido del mundo del box, le arrebató el título que hubiera sido su despegue definitivo.

Días después daría positivo por marihuana. Como si la derrota hubiera sido poco, otra vez polémica y debate público sobre su vida.

Hace poco contó a Telemundo que sufrió una profunda depresión y padeció ansiedad. “Cuando yo perdí con Martínez en 2012 tuve una decepción muy fuerte y empecé a tomar mucho, consumir drogas; tomaba, fumaba marihuana, muchas pastillas, porque decía que tenía problemas para dormir”.

Nunca más ganó. Y vivió más escándalos, como la aparición de un vídeo en el que se lo ve acostado, borracho y rodeado de mujeres tras su derrota con Canelo. ‘El festejo del perdedor’, dijeron. Pensó en retirarse.

Ver a sus hijas y a su mujer sufrir lo ayudaron a decidir internarse en la clínica de su padre. Estuvo dos meses.

El 1 de diciembre pelea una vez más. Porque esta liebre, de dar batalla en la vida ya sabe muchísimo.

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